Estados Unidos comenzó su campaña mundialista de manera contundente, pero la euforia futbolera mostró un rostro desigual en diferentes regiones del país norteamericano. Mientras Los Ángeles vibraba con la actuación de la selección de Pochettino, en Nueva Jersey reinaba la indiferencia casi total.
El contraste fue evidente: en la costa oeste del país hubo fiesta futbolera, bares repletos y celebraciones en las calles. En cambio, en uno de los territorios más densamente poblados de Estados Unidos, restaurantes y establecimientos nocturnos permanecieron con asistencia normal, sin mostrar el fervor que generó el encuentro en otras zonas.
La actuación estadounidense
La selección norteamericana ejecutó un fútbol de calidad ante Paraguay, con protagonismo de sus mejores figuras. Giovanni Alejandro Reyna fue uno de los destacados, demostrando la calidad técnica que caracteriza al equipo bajo la dirección táctica de Pochettino. Los estadounidenses aprovecharon sus oportunidades y se impusieron de manera clara en el terreno de juego.
El desafío de consolidar el interés
La brecha geográfica en el seguimiento del partido refleja un desafío profundo para el fútbol en Estados Unidos: convertir el entusiasmo ocasional en pasión sostenida. Los Ángeles, con sus comunidades latinas establecidas y su tradición futbolera creciente, se comportó como un bastión del fútbol. Nueva Jersey, a pesar de ser región estratégica demográficamente, mostró indiferencia.
Este panorama contradictorio sugiere que la organización del Mundial en suelo estadounidense aún debe resolver cuestiones fundamentales sobre cómo penetrar mercados donde el fútbol compite con otros deportes profundamente arraigados en la cultura local.
Perspectiva para Paraguay
Para la delegación paraguaya, el desempeño ante Estados Unidos constituye una lección importante en su camino mundialista. Aunque la Albirroja no pudo llevarse el resultado, el encuentro representa datos valiosos sobre el nivel competitivo del torneo y sobre cómo se comportan sus rivales.
El debut estadounidense, más allá del marcador favorable, pone sobre la mesa interrogantes más amplios sobre la viabilidad del fútbol como fenómeno de masas en ciertas regiones de Estados Unidos, algo que las autoridades del Mundial deberán considerar para futuras ediciones del torneo.